martes, 13 de julio de 2010

CONFORME

"CONFORME", artículo de Nicolás Estévanez

Este trabajo está divido en dos partes.

La 1ª es una reflexión titulada "CONFORME" del polifacético Nicolás Estévanez y Murphy, y la 2ª, un trabajo mío en el que hago una semblanza de tres personajes coetáneos... Nicolás Estévanez y Murphy, Secundino Delgado Rodríguez y el sanguinario general Weyler (el tigre de manigua, como lo definía la prensa norteamericana más comprometida con la Libertad de esta época).

Precisamente, voy a aprovechar este artículo para insistir en ese aspecto negativo que tienen algunøs canariøs de celebrar y poner el nombre de personajes que fueron/son nefastos para Canarias, a calles, plazas, avenidas, aeropuertos, hospitales y demás edificios públicos, mientras que a løs canariøs que, verdaderamente, dieron la vida por el progreso, la justicia social y la libertad para nuestro pueblo son condenados al ostracismo.

Hoy, casualmente, hablaré de dos casos de los más sangrantes que conozco y que más me duelen… Son precisamente los casos de Secundino Delgado Rodríguez, --parece ser que desde un tiempo a esta parte se le está recuperando y ocupando el lugar que siempre le perteneció por justicia, contrariamente al que nada merecía por su brutalidad como fue el General Weyler y que, sin merecerlo, hace tiempo fue premiado con una de las plazas más importantes de Tenerife.

El otro caso que les decía es el de José Mesa y López, político trepador y que tan sólo miraba por sus egoístas y mezquinos intereses y que, aún así, le regalaron el nombre de una de las Avenidas más conocidas y transitadas de la capital grancanaria..., mientras que a su hermano, Rafael Mesa y López, "bohemio impenitente y escritor", le dedicaron una pequeña calle que lleva hasta el inicio del barrio alto de El Polvorín... ¿Deberíamos utilizar la memoria histórica para personajes que no merecen estos importantes reconocimientos por su abusos de poder, sus tropelías, sus injusticias y opresiones...?

CONFORME

La polilla, tan pequeña, diminuta, despreciable, acaba con los muebles, con los árboles, con los edificios. No ciertamente en un día, pero acaba con ellos.

Lo mismo ha de suceder con entidades sociales, históricas, potentes, como las naciones, su polilla las devorará.

¿Es un mal? ¿Conviene a la humanidad que los Estados se apolillen?

Importa poco; no es un mal ni un bien; es un hecho positivo, inevitable, fatal, como es natural la decadencia y la muerte de cuanto alumbra el sol.

Todos los seres, individuales o colectivos, están sujetos a las leyes de la naturaleza, ante las cuales no valen subterfugios, ni fraudes ni caciques, ni interpretaciones.

De ellas, sin embargo, ha intentado la humanidad defenderse; testigo: el pararrayos.

¿Y no se ha de defender de las ridículas reglamentaciones y de los absurdos códigos formulados por pigmeos?

¡También hay pararrayos para la nube negra de las legislaciones!

Todas las leyes humanas son obra del egoísmo, cuando no de la perversidad.

Morirán los legisladores, perecerán las leyes, sucumbirán los Estados, será disuelta la sociedad actual con sus artificios y convencionalismos. Sólo sobrevivirán a las catástrofes dos entidades paralelas, que desempeñarán análogas funciones en la economía del Universo, la humanidad y la polilla.

Tal vez al llegar aquí se preguntará el lector: ¿a qué viene esto?

Pues nada, es que acabo de leer en un periódico el reglón siguiente:

"Los anarquistas, esa polilla de la Sociedad..."

Conforme.

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*Nicolás Estévanez y Murphy. Las Palmas de Gran Canaria, 1838. París, 1914. Militar del ejército español del que --indignado, avergonzado e impotente-- abandonó para siempre, después de comprobar cómo los militares que fueron enviados a Cuba a sofocar la insurrección armada, trataban --no sólo a løs que se habían levantado en armas (løs cimarrrones)--, como traidores a España a la población en general... Siendo el punto crítico el injusto asesinato de "SEIS ESTUDIANTES DE MEDICINA".

Cuando le conceden la "baja del ejército", vuelve a España y se encuentra con una situación política, económica, social, educativa, sanitaria y cultural que dejaba mucho que desear, mientras los gobiernos ineptos despilfarraban el dinero recaudado entre “SUS” súbditos, entre “SUS” vasallos, entre “SU” pueblo, que apenas tenía para cubrir sus necesidades básicas. y trabajando, NO DE SOL A SOL, sino de IMNSONIO A IMNSONIO, COMO ya nos había enseñado el poeta gomero PEDRO GARCIA CABRERA... (EL mismo que fue a la mar a por naranjas... una cosa que el mar no podía darle... pero ya se sabe cómo son los poetas... lo que se les mete en la cabeza., aunque pueda parecer imposible, aunque los tenga por locos, ilusos, infantiles... estos ni siquiera lo tienen en cuenta y SIEMPRE SE LES VE PERSIGUIENDO ESE SUEÑO, ESA QUIMERA, ESA UTOPÍA... que parecía inalcanzable, que era muy difícil lograrlo... y sin embargo, finalmente, gracias al tesón, a la constancia y a la voluntad de éstos terminan CONSIGUIENDO TODO LO QUE SE PROPONEN...

***

Por esta época es cuando llega a su conocimiento que un paisano suyo --que seguro conoció en Cuba-- Secundino Delgado Rodríguez, está en la cárcel Modelo de Madrid por –arbitraria orden del que ya ambos conocían de su época cubana. De este periodo, tan sólo el andaluz anarquista Fermín Salvoechea, y el ya casi anciano Nicolás Estévanez son las dos únicas personas que se atreven a visitar a Secundino en la cárcel Modelo –paradójicamente sin cargo alguno, ni denuncia pertinente... tan sólo por el inmenso poder que tenía el General Weyler, y que, enterado que Secundino vivía en Tenerife (concretamente en el pueblo tinerfeño de Arafo, por prescripción médica realizada a su mujer; una norteamericana que conoció en uno de sus tantos viajes por América, hecho que le hizo adquirir doble nacionalidad: americana y española, y que fue uno de los elementos que se esgrimieron para que a Weyler no le quedara otra opción que ponerlo en libertad sin cargo alguno después de once largos, difíciles, terribles meses que a punto estuvieron por conseguir que nuestro prócer se viniera a bajo debido a tamañas injusticias, a tremendos abusos de poder, por parte del sanguinario Weyler, que creía que en su estancia en Cuba, Secundino había intentado acabar con su vida con una bomba de la que milagrosamente escapó con vida.

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Pero si los hombres no supieron -o no pudieron- poner en su sitio a los personajes dañinos, siniestros, que alcanzaron alguna clase de poder o dominación sobre los demás en una determinada época, la Historia -ese juez implacable-, tarde o temprano siempre termina por desvelar su mezquina condición y colocarlos en el lugar del que nunca debieron salir: las cloacas del olvido.

La Historia Universal es abundante en ejemplos de las huellas que dejaron estos personajes, pero no nos vamos a ir muy lejos para encontrar a uno de los más siniestros que sufrió Canarias y Cuba y que aún así fue premiado con una de las plazas más conocidas de Tenerife: la plaza Weyler.

Así es, me refiero al general Weyler y Nicoláu de nombre Valeriano, marqués de Tenerife y duque de Rubí, militar y político español nacido en las islas Baleares en 1838 y muerto en Madrid en 1930. Fue Capitán general de Canarias y de Filipinas. Fue elegido por sus conocidos sistemas de dureza e inflexibilidad para someter la insurrección de la isla de Cuba en 1896. Aquí se sabe que dictó el célebre bando de reconcentración por el que más de trescientos mil campesinos fueron concentrados en pueblos del interior, prohibió la zafra, mandó destruir por el fuego caseríos y sembrados. Llegó a decir a ¿Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre? Pues precisamente para eso hice la reconcentración". La prensa de la época lo presentaba como el "carnicero Weyler" o el "tigre de manigua" entre otros tantos calificativos que definían su despiadada, cruel y despótica personalidad.

Coetáneos suyos que sufrieron sus desmanes y tropelías fueron los compatriotas canarios Secundino Delgado Rodríguez y Nicolás Estévanez y Murphy.


Delgado y Estévanez –reconoce el investigador Manuel Suárez Rosales- tenían muchos puntos en común. Además de ser canarios ambos conocían y amaban a Cuba, país donde Secundino había participado en la revolución independentista y Estévanez, siendo capitán del ejército español, había protestado enérgicamente contra el fusilamiento en 1871 de ocho estudiantes cubanos de medicina y solicita su inmediato traslado de la isla por las frecuentes tropelías y abusos del ejército español a los cubanos.

Aparte de su intenso amor a Canarias, los dos coincidían en su común desprecio a la persona del general Weyler. Secundino Delgado y Nicolás Estévanez, eran, asimismo, acérrimos enemigos de la institución monárquica, ateos y revolucionarios.

Una de las muestras más evidentes del desprecio que Estévanez sentía por Weyler es un soneto que le dedicó hacia 1900 y que dice: "Mirada de reptil, cuerpo de enano,/ instinto de chacal, alma de cieno,/ hipócrita, cobarde, vil y obsceno/ como el más asqueroso cuadro humano./ Azote un tiempo del país cubano,/ a todo noble sentimiento ajeno,/ hasta el mismo Satán convierte en bueno/ esa excrecencia del linaje humano./ Ruinas, desolación, hambre y miseria/ las obras son que a ejecutar se atreve/ ese horrible montón de vil materia./ ¡Y a un monstruo tal, con intención aleve,/ el Gobierno de Cuba encarga Iberia/ al acabar el siglo diez y nueve!.".

Pero sus desmanes no acabarían en Cuba. En 1902 desde Madrid suscribe una orden de detención y prisión contra Secundino Delgado que ya se había trasladado a vivir con su mujer y sus dos hijos Darwin y Lyla al pueblo de Arafo en Tenerife. Un año se alargaría la privación de libertad de Secundino en la cárcel Modelo de Madrid sin cargo alguno y, por lo tanto, sin posibilidad de defenderse. Allí no sólo se hundiría moral y vitalmente sino que fue contagiado de tuberculosis. De los pocos que se atrevieron a visitarle en prisión destacamos a Nicolás Estévanez y Murphy y Fermín Salvochea. Los males de Secundino se acabaron con su puesta en libertad un año después sin ningún tipo de explicación. Cuando se reunió de nuevo con su familia en Arafo contagiaría de tuberculosis a sus hijos que poco tiempo después morirán de ésta enfermedad en plena juventud. Algunos meses después, en 1912, moriría Secundino Delgado. Alguien que resumía su pensamiento, su ideario, su postura ante la vida diciendo: "Seré un revolucionario; pero nunca un sectario. Las palabras también esclavizan, aunque sean: república, socialismo, anarquía… No; soy un revolucionario, un rebelde, nada más". Y nada menos…

Esto es solo un breve acercamiento a tres de las figuras más relevantes para Canarias a lo largo de su azarosa y desventurada historia, azarosa y desventurada pero siempre con un punto de socarronería, imprescindible para aún mantenerse orgullosa y digna.

AHUL.




¡¡¡VIVA CANARIAS LIBRES!!!

¡¡POR LA LIBERTAD, LA JUSTICIA Y LA DIGNIDAD DE TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO!!!


LIBERTO ASUDEM IBARADEN (JOSE ALMEIDA AFONSO)


ARTEJEVEZ, A MARTES 4 DE MAYO DE 2010.

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